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Eclipse solar y filosofía del Yoga

 

Eclipse solar y yoga: 4 ideas para comprender nuestra luz interior

Llevo días —qué digo días, ¡meses!— escuchando hablar en España del próximo eclipse solar del 12 de agosto de 2026. Entre noticias, comentarios y preparativos, el eclipse aparece una y otra vez, y al final me ha llevado a preguntarme qué ocurre cuando dejamos de mirar el fenómeno solo desde el cielo y empezamos a llevarlo a nuestro propio terreno.

Y como no podía ser de otra manera, mi cabeza se ha ido al yoga. A su filosofía, a esas ideas que quizá llevan siglos planteándose preguntas que seguimos haciéndonos hoy: ¿qué cambia?, ¿qué permanece?, ¿cómo percibimos lo que vivimos?, ¿podemos observar sin quedarnos atrapados en aquello que sentimos?

Un eclipse solar puede parecer, a primera vista, un simple fenómeno astronómico: durante unos minutos, la Luna se interpone entre el Sol y la Tierra y la luz que normalmente vemos cambia.

Pero si lo observamos desde otra perspectiva, también puede convertirse en una imagen muy interesante para comprender algunos conceptos del yoga.

Porque el Sol sigue ahí durante el eclipse, aunque durante un tiempo dejemos de verlo con la misma claridad.

Y quizá con nuestra propia luz interior ocurra algo parecido.

Hay momentos en los que nos sentimos centrados, tranquilos y presentes, y otros en los que las preocupaciones, el cansancio, los pensamientos o todo lo que ocurre a nuestro alrededor parecen cubrir esa sensación.

¿Hemos perdido nuestra calma? ¿O simplemente estamos atravesando un momento en el que nos cuesta percibirla?

Desde la filosofía del yoga podemos acercarnos a esta experiencia a través de cuatro ideas: impermanencia, percepción, pratyahara y desapego.

No como conceptos que tengamos que memorizar, sino como herramientas para observar nuestra propia experiencia.

1. Impermanencia: todo cambia

Desde la filosofía del yoga podemos acercarnos a esta idea a través de anitya, la impermanencia: la comprensión de que todo aquello que experimentamos está sujeto al cambio. Aunque hay un matiz importante: anitya es un concepto especialmente central en el budismo, mientras que en las tradiciones filosóficas del yoga también encontramos una reflexión profunda sobre el cambio, la transformación y la naturaleza cambiante de prakriti (En este artículo sobre ↗️escuelas filósoficas te cuento más sobre el concepto prakriti)

El eclipse nos muestra algo que puede parecer muy sencillo, pero que no siempre resulta fácil de aceptar: todo cambia.

La luz cambia, la sombra aparece, el cielo adquiere otra tonalidad y, después de unos minutos, todo vuelve a transformarse.

Nuestra experiencia también funciona así. Hay días en los que tenemos energía y otros en los que necesitamos descansar, momentos de claridad y otros de confusión, etapas en las que nos sentimos seguros y otras en las que aparecen dudas.

Incluso aquello que parece permanente está sujeto al cambio.

Desde la perspectiva del yoga, reconocer esta impermanencia puede ayudarnos a relacionarnos de otra manera con lo que estamos viviendo. En lugar de intentar mantener para siempre aquello que nos gusta o rechazar inmediatamente aquello que nos incomoda, podemos aprender a observar el movimiento.

¿Cómo llevarlo a la práctica?

La próxima vez que estés practicando y aparezca una sensación incómoda, prueba a observarla sin intentar cambiarla inmediatamente. Puede ser tensión, cansancio, inquietud o incluso aburrimiento.

Puedes preguntarte:

¿Esto también cambiará? No necesitas encontrar una respuesta. Solo observar.

Cuando dejamos de exigir que una experiencia permanezca igual, podemos empezar a vivirla con algo más de espacio.

Y quizá esta sea una de las enseñanzas del eclipse: la sombra también forma parte de un momento que está cambiando.

2. Percepción: no siempre vemos lo que está ahí

Aquí aparece una de las conexiones más bonitas con nuestra luz interior.

Durante un eclipse, el Sol no desaparece. Sin embargo, nuestra percepción de la luz cambia. Esto nos permite distinguir entre dos cosas que a veces confundimos: lo que percibimos y lo que existe.

Desde la filosofía del yoga podemos acercarnos a esta idea a través de pratyakṣa, la percepción directa: aquello que conocemos y experimentamos a través de los sentidos. Pero nuestra experiencia no depende únicamente de lo que percibimos, sino también de cómo interpreta la mente aquello que estamos percibiendo. Aquí aparece el concepto de vṛtti, las modificaciones o fluctuaciones de la mente que pueden condicionar nuestra manera de interpretar la realidad. Por eso, en ocasiones, no vemos necesariamente lo que está ahí, sino aquello que nuestra mente nos permite percibir en ese momento.

Nuestra experiencia cotidiana está llena de ejemplos. Un día podemos sentirnos llenos de energía y al siguiente levantarnos cansados y pensar que hemos perdido nuestra vitalidad. Podemos atravesar una situación complicada y sentir que nuestra calma ha desaparecido por completo.

Pero quizá no haya desaparecido. Quizá simplemente nuestra percepción está condicionada por lo que estamos viviendo en ese momento y nuestra mente condiciona nuestra interpretación de lo que estamos viviendo, filtrando la experiencia a través de pensamientos, emociones y memorias previas.

Esto no significa negar lo que sentimos. Si estamos cansados, estamos cansados; si algo nos preocupa, podemos reconocerlo. La invitación es otra: no dar por hecho que aquello que estamos percibiendo en un momento determinado representa toda nuestra realidad.

¿Cómo llevarlo a la práctica?

Durante una práctica de yoga puedes observar cómo cambia tu percepción. Una postura que al principio parece incómoda puede sentirse diferente después de unas respiraciones; una mente inquieta puede ir encontrando poco a poco más espacio; una sensación de tensión puede transformarse cuando dejamos de luchar contra ella.

No siempre cambia la situación. A veces cambia nuestra manera de observarla. Y ahí aparece una idea que puede acompañar toda la práctica:

La luz no desaparece. A veces simplemente dejamos de verla.

 3. Pratyahara: cambiar el foco de atención

Si hablamos de yoga y eclipse solar, pratyahara tiene una conexión especialmente interesante. Pratyahara suele traducirse como retirada o recogimiento de los sentidos, y forma parte de los ocho miembros del yoga descritos por Patañjali. Puedes pasarte por este ↗️artículo reciente donde explico más de pratyahara.

Pero podemos acercarnos a esta idea de una manera mucho más sencilla: aprender a no estar constantemente dirigidos hacia fuera. Vivimos rodeados de estímulos: sonidos, pantallas, mensajes, conversaciones, obligaciones, información y todo aquello que reclama nuestra atención continuamente. Nuestra atención se mueve de un lugar a otro casi sin darnos cuenta.

La práctica de pratyahara nos propone experimentar qué ocurre cuando dejamos de seguir cada estímulo y comenzamos a llevar la atención hacia el momento presente.

No significa aislarnos del mundo ni rechazar lo que ocurre fuera. Significa aprender que podemos elegir dónde ponemos nuestra atención.

El eclipse como imagen de pratyahara

Durante un eclipse, aquello que normalmente domina nuestra mirada cambia temporalmente.

Podemos utilizar esta imagen como una invitación a hacer algo parecido durante nuestra práctica: reducir el protagonismo de los estímulos externos para prestar atención a la respiración, al cuerpo y a nuestra experiencia en ese momento.

Por eso, antes de empezar una secuencia de yoga, podemos simplemente detenernos y observar qué ocurre: sentir el contacto del cuerpo con la esterilla, observar la respiración y escuchar los sonidos que aparecen, para después volver nuestra atención al centro.

No necesitamos cerrar el mundo fuera. Solo necesitamos dejar de perseguir cada cosa que aparece.

4. Desapego: observar sin identificarnos

La cuarta idea es vairagya, que suele traducirse como desapego o ausencia de apego. Y aquí conviene hacer una aclaración: desapego no significa indiferencia. No significa que nada nos importe o que tengamos que mantenernos alejados de nuestras emociones. Podemos entenderlo como la capacidad de relacionarnos con lo que ocurre sin aferrarnos constantemente a ello.

Esto resulta especialmente interesante durante una práctica. Puede aparecer un pensamiento, una sensación o una distracción y podemos observarla, reconocerla y volver a la respiración o al movimiento. Nuestra atención puede marcharse y, cuando nos damos cuenta, podemos regresar sin necesidad de convertir cada experiencia en una historia sobre nosotros mismos.

Podemos observar lo que aparece y dejarlo pasar.

Observar sin identificarnos

Quizá esta sea una de las prácticas más sencillas y, al mismo tiempo, más profundas que podemos llevarnos de la esterilla.

En lugar de pensar: “Estoy nervioso.” 
Podemos observar: “Hay nervios en este momento.” 

En lugar de: “No consigo concentrarme.”
Podemos reconocer: “Mi atención se está dispersando.”

El cambio de lenguaje puede parecer pequeño, pero introduce una cierta distancia entre lo que experimentamos y la idea de que eso nos define.

Puedo sentir algo sin convertirme en ello. Y desde ahí podemos volver al centro.

Cuatro ideas, una misma práctica

Si juntamos estas cuatro perspectivas, el eclipse solar puede convertirse en una imagen muy completa de nuestra práctica de yoga:

  • Impermanencia: todo cambia.
  • Percepción: no siempre vemos todo lo que está ahí.
  • Retirada de los sentidos: podemos cambiar el foco de nuestra atención.
  • Desapego: podemos observar sin identificarnos.

Todas ellas apuntan, de una manera u otra, hacia una misma capacidad: permanecer presentes mientras la experiencia cambia.

No necesitamos conseguir que siempre haya luz, evitar la sombra ni controlar todo lo que ocurre. Podemos aprender a observar el cambio, reconocer cómo lo estamos percibiendo, elegir dónde ponemos nuestra atención y relacionarnos con lo que aparece sin quedar completamente atrapados en ello.

Eso también es práctica.

Llevar estas ideas a la práctica de yoga

Podemos convertir estos conceptos filosóficos en algo muy concreto durante la práctica.

Al comenzar: observar

Antes de movernos, podemos dedicar unos instantes a observar cómo estamos: cómo está el cuerpo, cómo está la respiración y qué está ocupando nuestra atención.

No hace falta modificar nada.

Durante las posturas: aceptar el cambio

Mientras nos movemos, podemos observar cómo cambian las sensaciones: la respiración se modifica, el cuerpo se calienta, una postura se vuelve más estable o aparece alguna incomodidad.

En lugar de intentar que todo permanezca igual, podemos practicar la observación.

Durante la práctica: volver a la atención

Cada vez que la mente se vaya, volvemos a la respiración, al movimiento, al contacto con el suelo o a las sensaciones del cuerpo.

Ese gesto de volver es una forma sencilla de trabajar la atención.

Al finalizar: soltar

En Savasana podemos dejar de hacer. No necesitamos conseguir nada, solo permanecer presentes y observar qué queda cuando dejamos de perseguir estímulos, pensamientos o resultados.

Una práctica de yoga para el eclipse solar

Si quieres llevar estas ideas a la práctica, hemos preparado también otro artículo sobre el eclipse solar y la luz interior, donde encontrarás una propuesta de práctica de yoga de 60 minutos para volver al centro. ↗️Práctica Eclipse solar y luz interior

La secuencia combina respiración, movilidad, posturas de pie, equilibrio, flexiones y un cierre progresivamente más tranquilo, creando diferentes momentos para observar, cambiar el foco de atención y regresar al presente.

La luz interior no tiene que estar siempre visible

Quizá esta sea la enseñanza que podemos llevarnos del eclipse.

Hay momentos en los que nuestra luz interior parece más evidente y otros en los que queda temporalmente cubierta por todo aquello que estamos viviendo.

Pero no necesitamos interpretar cada momento de oscuridad como una pérdida.

Podemos recordar que todo cambia, que nuestra percepción no siempre cuenta toda la historia, que podemos retirar nuestra atención de aquello que nos dispersa y que podemos observar nuestras experiencias sin identificarnos completamente con ellas.

La práctica no consiste en vivir permanentemente en la luz. Consiste en aprender a permanecer presentes también cuando aparece la sombra. Y quizá por eso la imagen del eclipse sea tan poderosa:

La luz no desaparece. A veces simplemente dejamos de verla.

Yoga Sin Postureo

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