Volver a ti: 3 prácticas de Yoga para después de las vacaciones
¿Cómo te encuentras hoy?
Quizá vuelves de vacaciones con el cuerpo pidiendo movimiento.
Quizá tu cabeza ya va a toda velocidad y necesitas bajar revoluciones.
O quizá simplemente necesitas recuperar tu centro y sentir un poco de estabilidad.
Por eso, en este artículo te propongo 3 maneras de volver a la práctica, según cómo te encuentres:
🌿 Para despertar: volver al cuerpo y recuperar movimiento.
🌿 Para bajar revoluciones: respirar, soltar y dejar espacio al silencio.
🌿 Para volver a tu centro: encontrar estabilidad, equilibrio y presencia.
No necesitas hacer las tres. Elige la que tenga sentido para ti hoy. Y si llevas tiempo sin practicar, recuerda que también puedes empezar más despacio: diez minutos, unas pocas posturas o simplemente sentarte a respirar.
Elige tu práctica
1. Para despertar → vuelve a tu cuerpo
Una secuencia suave para activar, movilizar y recuperar poco a poco la sensación de movimiento.
2. Para bajar revoluciones → deja espacio al silencio
Una práctica más pausada para calmar el ritmo y llevar la atención hacia dentro.
3. Para volver a tu centro → encuentra estabilidad
Movimiento, equilibrio y respiración para volver a sentir tus pies y ocupar tu propio espacio.
No se trata de recuperar lo que dejaste atrás. Se trata de encontrarte desde donde estás hoy.
Sigue leyendo para descubrirlas
Y ahora sí…
Se acabaron las vacaciones. Vuelven los horarios, el despertador, las prisas, la lista de cosas pendientes y esa sensación de que deberíamos volver a estar “a pleno rendimiento” desde el minuto uno. Como si al regresar tuviéramos que recuperar de golpe todas nuestras rutinas: comer mejor, hacer ejercicio, madrugar, organizar la casa, trabajar, volver a la esterilla…
Y quizá no.
Quizá después de unos días a otro ritmo no necesitamos correr para volver a nuestra vida. Quizá necesitamos algo mucho más sencillo: diez minutos para volver a escucharnos.
Porque volver de vacaciones no tiene por qué significar volver a correr. Podemos utilizar estos primeros días como una pequeña transición entre el ritmo que dejamos atrás y el que estamos a punto de recuperar. Y el yoga puede ser un buen lugar para hacer esa transición.
Pero esta idea no sirve solamente para después de las vacaciones. También necesitamos volver poco a poco después de cualquier parón: una época de mucho trabajo, un viaje, una mudanza, una lesión, un momento personal complicado, un cambio de horarios o simplemente esos periodos en los que la vida se pone por delante y la práctica queda aparcada.
Porque sí, a veces dejamos de practicar durante unos días, unas semanas o incluso meses. Y cuando pensamos en volver aparece esa sensación de que tenemos que recuperar lo perdido, retomar exactamente donde lo dejamos o demostrar que todavía podemos hacer lo mismo que antes.
Pero quizá no hemos perdido nada. Quizá simplemente estamos volviendo desde otro lugar.
No necesitas una hora de práctica, ni una secuencia complicada, ni demostrarte nada. A veces, diez minutos sobre la esterilla son suficientes para parar, respirar, mover el cuerpo y darte cuenta de cómo estás.
Y esa pregunta —¿cómo estoy?— ya es una forma de práctica.
Antes de volver a tu rutina, vuelve a ti
Las vacaciones cambian nuestros ritmos. Dormimos diferente, comemos diferente, caminamos más, nos acostamos más tarde o simplemente dejamos de vivir tan pendientes del reloj. Durante unos días nuestro cuerpo y nuestra cabeza tienen la oportunidad de funcionar de otra manera.
Después llega la vuelta y queremos recuperar nuestra vida exactamente donde la dejamos. Volvemos al trabajo, a los horarios, a las responsabilidades y, muchas veces, también a esa versión de nosotros mismos que creemos que deberíamos recuperar inmediatamente.
Pero el cuerpo no siempre funciona así. Necesita una transición.
Y quizá esto sea todavía más evidente cuando el parón no ha sido elegido. Hay pausas que llegan porque las necesitamos y otras que simplemente suceden. Hay momentos en los que dejamos de practicar porque no tenemos tiempo, porque estamos atravesando algo, porque el cuerpo nos pide descanso o porque nuestra atención está puesta en otras cosas.
Cuando volvemos, podemos mirar ese tiempo desde la culpa: “he perdido mi práctica”, “estoy otra vez empezando de cero”, “ya no tengo la misma flexibilidad”.
O podemos mirarlo desde otro lugar.
La práctica no desaparece porque hayas dejado la esterilla durante un tiempo.
Por eso, una práctica de yoga después de las vacaciones puede ser mucho más que una manera de estirar o activar el cuerpo. Puede convertirse en un pequeño espacio para volver a conectar contigo antes de volver a conectar con todo lo demás. Y esta misma idea puede acompañarte siempre que necesites retomar tu práctica después de una pausa.
No importa tanto cuánto tiempo hayas estado fuera de la esterilla. Lo importante es cómo vuelves a ella.
Yoga y Svādhyāya: volver a escucharte
En la filosofía del yoga encontramos un concepto que me parece especialmente bonito para estos momentos: Svādhyāya. Forma parte de los niyamas que aparecen en los Yoga Sūtras de Patañjali y suele traducirse como autoestudio, observación o conocimiento de uno mismo.
Y llevado a la práctica puede ser algo mucho más sencillo de lo que parece. No necesitas sentarte a estudiar textos filosóficos para practicar Svādhyāya. Puedes empezar simplemente observando cómo llegas hoy a la esterilla.
Porque quizá estamos acostumbrados a acercarnos al yoga con una idea muy concreta: “quiero hacer esta postura”, “quiero estirar la espalda”, “quiero fortalecer”, “quiero relajarme”. Pero también podemos darle la vuelta a la pregunta y empezar por algo más básico:
¿Qué necesito hoy?
No todos los días estamos igual. Hay días en los que necesitamos activar el cuerpo y recuperar energía. Otros en los que necesitamos bajar revoluciones. Y algunos en los que simplemente necesitamos volver a sentirnos presentes.
Por eso te propongo tres prácticas diferentes. No para que tengas tres cosas más que hacer, sino para que puedas elegir la que tenga más sentido según cómo estés cada día.
Y si llevas tiempo sin practicar, no tienes que hacer ninguna de ellas exactamente como la hacías antes. Puedes reducir el tiempo, modificar las posturas o simplemente quedarte unos minutos respirando.
Volver también significa aprender a encontrarte con el cuerpo que tienes hoy.
1. Para despertar: vuelve a tu cuerpo
Esta primera práctica es para esos días en los que notas el cuerpo un poco apagado y necesitas recuperar movimiento. Quizá has pasado muchas horas sentado durante un viaje, has cambiado tus horarios o simplemente llevas varios días moviéndote menos de lo habitual.
También puede ser una buena opción si llevas un tiempo sin practicar y quieres volver a poner el cuerpo en movimiento sin exigirte demasiado. Después de un parón, quizá lo más inteligente no sea intentar recuperar inmediatamente la intensidad que tenías antes, sino darle al cuerpo la oportunidad de recordar cómo se siente al moverse.
No hace falta empezar con una práctica intensa para sentir que estás haciendo algo. De hecho, después de un periodo de descanso puede ser mucho más interesante comenzar escuchando cómo responde el cuerpo y dejar que el movimiento vaya apareciendo poco a poco.
Puedes dedicar unos diez minutos a esta secuencia:
- Sukhāsana respiración consciente, sentado o de pie, con las manos en el pecho, observando cómo estás sin intentar cambiar nada (1 minuto)
- Sukhāsana con movilidad suave de cuello, hombros y columna (2 minutos)
- Bitilāsana-Mārjāryāsana, Gato-vaca, coordinando movimiento y respiración (1 minuto
- Adho Mukha Śvānāsana, perro boca abajo, dejando que las piernas y la espalda despierten de forma dinámica (1 minuto)
- Sūrya Namaskāra, Saludos al sol suaves, sin buscar intensidad (2-3 vueltas)
- Tāḍāsana, quietud de pie y con los ojos cerrados, observando cómo estás (2 minutos)
No parece mucho, pero quizá ese sea precisamente el punto. No necesitas recuperar en diez minutos toda la energía, la fuerza o la rutina que tenías antes de las vacaciones. Solo necesitas volver a establecer contacto con tu cuerpo y recordar que está ahí.
Abhyāsa: la práctica de volver
En los Yoga Sūtras encontramos otro concepto que encaja muy bien con esta idea: Abhyāsa, la práctica constante. Y para mí hay algo especialmente interesante en esta palabra cuando pensamos en la vuelta a la rutina.
Practicar no significa necesariamente hacer mucho. Significa volver una y otra vez. Volver hoy, volver mañana, volver cuando puedas. La constancia no siempre consiste en mantener una práctica perfecta e inamovible, sino en crear un vínculo con aquello que quieres cuidar.
Y esto es especialmente importante después de un parón. Porque quizá pensamos que la constancia significa no parar nunca, cuando en realidad la vida está llena de interrupciones. La práctica puede enseñarnos otra cosa: que podemos alejarnos, parar, cambiar de ritmo y, cuando llegue el momento, volver.
Una práctica de diez minutos que realmente haces puede tener mucho más sentido que esa práctica perfecta de una hora que llevas semanas esperando poder hacer.
2. Para bajar revoluciones: deja espacio al silencio
Y luego están esos días en los que vuelves de vacaciones, pero tu cabeza ya está funcionando a toda velocidad. Los correos pendientes, las reuniones, la compra, el trabajo, los horarios, las cosas que quedaron a medias… La rutina ha vuelto incluso antes de que hayas terminado de aterrizar.
Para esos días quizá no necesitas añadir más movimiento. Quizá necesitas justamente lo contrario: crear un poco de espacio.
Esta segunda práctica está pensada para bajar el ritmo y llevar la atención hacia dentro. No necesitas buscar grandes sensaciones ni hacer posturas complicadas. El objetivo es permitir que el cuerpo se vaya calmando mientras la respiración se vuelve más presente.
Y si estás volviendo después de un periodo difícil, también puedes utilizarla como una forma amable de acercarte de nuevo a la práctica. No todo regreso tiene que empezar con esfuerzo. Algunas veces, volver significa simplemente tumbarte, respirar y darte permiso para estar.
Puedes hacerla así:
- En Sukhāsana realizar respiraciones lentas, dejando que la exhalación sea ligeramente más larga, sin forzar (2 minutos)
- Balāsana con bolster, postura del niño, buscando una sensación de recogimiento ((2 minutos)
- Paścimottānāsana: flexión hacia delante, sentada, sin intentar llegar más lejos (2 minutos)
- Supta Matsyendrāsana, torsión tumbada, permaneciendo unas respiraciones a cada lado (2 minutos)
- Viparīta Karaṇi, postura restaurativa, por ejemplo con las piernas apoyadas en la pared (2 minutos)
- Śavāsana, sin hacer absolutamente nada (6-8 minutos)
Santoṣa: contentamiento
Y aquí aparece otra idea de la filosofía del yoga que puede acompañarnos: Santoṣa, que suele traducirse como contentamiento.
No significa que tengas que estar feliz con todo lo que sucede ni que debas conformarte con aquello que quieres cambiar. Puede significar algo mucho más sencillo: dejar de pelear durante unos minutos con el momento en el que estás.
Las vacaciones han terminado. La rutina ha vuelto. O quizá estás atravesando una etapa que no has elegido. Y durante estos diez minutos no necesitas cambiarlo. Puedes simplemente estar.
A veces, eso ya es mucho
3. Para volver a tu centro: encuentra estabilidad
Hay otros días en los que no necesitas activarte demasiado ni tampoco relajarte más. Necesitas volver a sentirte centrado, recuperar cierta estabilidad y recordar dónde están tus pies.
Esta práctica combina movimiento, equilibrio y atención. Es una buena opción para esos momentos en los que sientes que estás haciendo muchas cosas a la vez y necesitas volver a ocupar tu propio espacio.
También puede ser una buena manera de retomar el yoga después de una pausa porque no se trata de hacer una gran cantidad de posturas, sino de prestar atención a cómo te sostienes, cómo respiras y cómo respondes cuando algo no sale exactamente como esperabas.
Puedes dedicar diez minutos a:
- Sukhasana (Dirgha Pranayama): Respiración tres partes observando cómo llegas a la práctica (2 minutos)
- Tadasana con movilidad de columna, despertando el cuerpo (2 minutos)
- Virabhadrāsana II, Guerrero II, respirando estabilidad (1 minuto cada lado)
- Vṛkṣāsana, la postura del árbol, buscando el equilibrio sin obsesionarte con mantenerlo (1 minuto cada lado)
- Vajrāsana, postura del diamante, sentándote sobre los talones y dejando que la respiración se vuelva más tranquila (1 minuto).
- 1 minuto de observación, simplemente preguntándote cómo estás.
Y aquí hay una pequeña lección escondida en el equilibrio. En Vṛkṣāsana probablemente vas a perderlo. El pie se moverá, el cuerpo se inclinará y tendrás que volver a colocarte.
Y eso también es la práctica.
No consiste en conseguir quedarte perfectamente quieto. Consiste en darte cuenta de que has perdido el equilibrio y volver a colocarte. Una vez. Y otra. Y otra.
Como tantas veces nos ocurre fuera de la esterilla.
Sthira y Sukha: un poco de estructura y un poco de espacio
En la tradición del yoga encontramos una idea preciosa asociada a āsana: sthira-sukham āsanam. Sthira hace referencia a la estabilidad, a la firmeza; sukha, a la comodidad, la facilidad o el espacio.
Me gusta pensar que la vuelta a la rutina también necesita esas dos cualidades. Necesitamos cierta estructura para recuperar nuestros horarios y nuestros hábitos, pero también necesitamos espacio para escuchar cómo estamos y adaptar el ritmo a lo que realmente necesitamos.
Y quizá esto sea especialmente importante cuando retomamos una práctica después de un parón. Podemos volver con la idea de que tenemos que recuperar lo que hacíamos antes, cuando en realidad la práctica puede estar invitándonos a encontrar un nuevo equilibrio.
Porque quizá el problema no es que nos falte fuerza de voluntad. Quizá es que intentamos volver a nuestra vida exigiéndonos estar exactamente igual que antes de marcharnos.
Y no somos una máquina que se reinicia.
Somos cuerpo, respiración, emociones, cansancio, energía, circunstancias… Todo eso cambia. Y una práctica de yoga puede ayudarnos precisamente a observar esos cambios en lugar de luchar contra ellos.
No necesitas hacer las tres prácticas
Esta parte es importante: no conviertas estas tres prácticas en una nueva lista de obligaciones.
No tienes que hacerlas todas. Ni siquiera tienes que practicar todos los días si eso no encaja con tu momento actual. La idea es que tengas diferentes puertas de entrada a la práctica y puedas elegir según cómo te encuentres.
Si necesitas energía, prueba la primera. Si notas demasiado ruido mental, quizá la segunda. Si sientes que necesitas volver a centrarte, prueba la tercera.
Y si llevas mucho tiempo sin practicar, puedes empezar incluso más despacio. Cinco minutos también cuentan. Una sola postura también cuenta. Sentarte a respirar durante unos minutos también es una manera de volver.
No hay una cantidad correcta de tiempo que tengas que cumplir para poder decir que has practicado.
Y mañana puede ser diferente.
Eso también es yoga: observar, escuchar, adaptar y volver.
Diez minutos también cuentan
A veces pensamos que si no tenemos una hora para practicar, no merece la pena sacar la esterilla. Y mientras esperamos a tener esa hora perfecta, pasan los días.
Por eso me gusta tanto una práctica breve. Porque elimina parte de la excusa y también parte de la exigencia. Diez minutos pueden ser un pequeño espacio que sí cabe en un día normal, incluso cuando la rutina vuelve a ponerse complicada.
No necesitas preparar una clase completa ni hacer una secuencia perfecta. Puedes simplemente extender la esterilla y empezar. Quizá después de esos diez minutos quieras continuar. Perfecto. Y quizá no. También está bien.
Y si has estado un tiempo sin practicar, esos diez minutos tampoco tienen que servir para demostrarte lo que has perdido. Pueden servir para descubrir dónde estás ahora.
Porque el cuerpo cambia. La energía cambia. Las circunstancias cambian.
Y la práctica puede cambiar contigo.
Lo importante no es cuánto has hecho, sino cómo has estado mientras lo hacías.
Porque una práctica de yoga no se mide únicamente por el número de posturas que has realizado.
Volver a ti también es práctica
El yoga no empieza ni termina en las posturas. A veces la práctica consiste en darte cuenta de que llevas varios días funcionando en automático. En respirar antes de responder. En notar que estás cansado antes de exigirte todavía más. En permitirte descansar sin sentir que deberías estar haciendo otra cosa.
También puede ser volver al cuerpo cuando la cabeza se ha ido demasiado lejos o darte cuenta de que llevas toda la mañana respirando superficialmente. Son pequeños momentos de atención que, poco a poco, cambian nuestra manera de estar.
Y quizá por eso estos diez minutos tienen sentido.
No porque vayan a solucionar tu vuelta de vacaciones. No porque una secuencia de yoga vaya a hacer desaparecer las responsabilidades que te esperan al otro lado de la esterilla.
Sino porque pueden ayudarte a habitar esa vuelta de otra manera.
Y quizá la próxima vez que tengas que parar por cualquier motivo puedas recordar esto: parar no significa empezar de cero. Una pausa también forma parte del camino.
Antes de volver a todo, vuelve a ti
Las vacaciones terminan. Los horarios vuelven. La rutina vuelve a ocupar su lugar y probablemente también regresen las prisas.
O quizá no estás volviendo de vacaciones. Quizá estás volviendo después de unas semanas difíciles, después de un cambio, después de una etapa en la que necesitaste poner la práctica en pausa.
Sea cual sea el motivo, no necesitas volver de golpe.
Puedes empezar desde donde estás.
Puedes empezar corriendo o puedes empezar respirando. Puedes exigirte recuperar todo de golpe o puedes permitirte volver poco a poco. Puedes preguntarte qué deberías estar haciendo o puedes detenerte un momento y preguntarte:
¿Qué necesito hoy?
Quizá sean solo diez minutos.
Diez minutos para volver a tu cuerpo. Diez minutos para volver a tu respiración. Diez minutos para volver a escucharte.
Diez minutos para volver a ti.
Sin postureo. Sin hacerlo perfecto. Sin tener que demostrar nada.
Solo tú, tu respiración y la práctica.
Y desde ahí, volver a todo lo demás.




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